Mario Zendeja enfrentó el reto más grande de su vida: rescatar el mayor número de personas con vida en sólo 72 horas en un país devastado como Haití, donde ese tiempo no fue suficiente.
En entrevista el rescatista de la Cruz Roja Mexicana, quien viajó a Haití con 23 voluntarios más para hacer labores de salvamento, no encuentra palabras para expresar el dolor e impresión de ver a una nación en ruinas.
En la mente de Mario, un sismo sólo era dibujado bajo las imágenes que su mente registró en 1985, cuando vio derrumbada la escuela primaria donde estudiaba en la colonia Doctores.
Pero hoy, a sus 33 años, Haití desplazó esas imágenes que se guardó en su mente y en su vida, que es difícil que las borre. Aunque ha participado en labores de rescate, ninguna de ellas supera la misión que enfrentó en la isla caribeña.
Como consecuencia de las normas internacionales sólo dispuso, al igual que sus compañeros, de tres días a partir del 15 de enero para hacer la búsqueda de personas en la zona céntrica de Puerto Príncipe.
La labor no fue fácil, comentó, pues ver apilados cuerpos sin vida en las calles, gente comiendo, durmiendo y viviendo entre ellos, sin importarles el olor a putrefacción, bloquea la mente por instantes.
“No hay comparación, estar ahí parado viendo, no hay forma de expresar lo vivido”, recordó el encargado del área de Reducción de Riesgos de Desastres de la Cruz Roja Mexicana.
Y es que paradójicamente, su labor en la Cruz Roja es definir medidas a implementar para prever riesgos ante “un posible desastre”; pero en Haití, no había forma de hacerlo, todo era ruina, precisó.
Desde las siete de la mañana cuando él y sus compañeros comenzaban con la búsqueda, las imágenes, olores fétidos, quejidos, llanto e ira los acompañaba por las calles donde sólo se veía gente caminando sin rumbo.
“Los primeros días nos tocó ver cuerpos en la calle, si bien les iba cubiertos, apilados, amontonados, difícil; la gente caminaba por ahí; a 15 metros veías gente cocinando los pocos alimentos que tenía, con el aroma y cuestiones de salud que era el principal riesgo”, indicó.
La magnitud del desastre lo revela el acompañamiento permanente de personal de la ONU: los Casos Azules. “Era increíble verlos, pues sólo los ves en películas o fotos de África o Medio Oriente”, relató.
El y sus compañeros no salían sin ellos. Aunque el tiempo no fue suficiente, lograron rescatar 16 personas aún vivas; pero 10 cuerpos sin vida. Y es que sólo fueron 72 horas de búsqueda en aquel país, dijo Mario, a quien le cambiaron su impresión de la vida.